Calidad educativa
Repensando
el planteo de calidad educativa
Durante
el año 2015 realicé una investigación que tuvo como objetivo identificar
profesores destacados en contextos urbanos marginales (Gómez Caride, 2016).
Aunque parezca inverosímil, un replanteo de la pregunta sobre la calidad
implicaba empezar por indagar en las escuelas y no por los expertos.
Cómo
encontrar profesores destacados? Básicamente hay dos caminos para responder a
esa pregunta. Un abordaje deductivo que parte de una idea sobre qué
características tienen los profesores ejemplares y buscarlos en las escuelas, y
un enfoque inductivo que busca casos individuales para llegar a una idea
general. Dado que no existe un consenso sobre qué características tienen los
profesores destacados en las escuelas públicas en contextos urbanos marginales
decidí preguntar a los protagonistas. Mi intención era continuar con el modelo
de Gloria Ladson Billings que utilizó el método denominado “selección comunitaria”
(Foster, 1991) de los docentes destacados. La nominación comunitaria es un
método de selección que busca elegir a los participantes de
investigación—profesores sobresalientes—a través del contacto directo con la
comunidad donde se realiza el estudio.
Mi
duda pasaba por determinar si era necesario adoptar el modelo de selección
comunitaria que había utilizado Ladson, sumando a estudiantes como
interlocutores que informaran quiénes eran los profesores destacados o no. En
los días en los que estaba tomando esta decisión, vino de visita a Buenos Aires
Chris Husband, profesor del London Institute of Education y especialista
mundial en reforma educativa. Durante un almuerzo le comenté sobre el proyecto
y al plantear mi duda de incluir a los estudiantes me miró sorprendido por la
pregunta y me contestó enfáticamente: “of course”. Además, me introdujo a una
serie de estudios y artículos en los que conocí la relevancia de la perspectiva
de los estudiantes o student voice en el mundo anglosajón. Su aporte fue clave
para el desarrollo de la investigación porque en muchos sentidos los
estudiantes fueron los que con más precisión encontraban a los profesores
ejemplares en las escuelas. Nunca voy a olvidar a Nazareno, un estudiante del
último año de secundaria de una escuela pública de Pilar que, cuando le conté
acerca de la investigación, me dijo: “Vení mañana que yo te voy a mostrar un
buen profesor”. Su taxatividad me dejó perplejo y confirmó la idea de que los
estudiantes pueden ser excelentes termómetros de calidad docente.
Así,
con el objetivo de comenzar a conocer docentes destacados y generar la
confianza de los actores, visité cinco escuelas durante un año. Me instalaba en
las preceptorías o secretarías y participaba en sus rutinas diarias, sus
recreos, cambios de hora, entradas y salidas, etc. En este tiempo realicé
pruebas piloto de los instrumentos que iba a utilizar y que resultaron útiles
para ajustar cuestiones relacionadas con el vocabulario empleado en los
cuestionarios. Además, empecé a conocer a los distintos profesores y directivos
de las escuelas.
Una
vez establecido un vínculo de confianza con dichas instituciones, comencé a
realizar las encuestas a los estudiantes. Luego, realizaba entrevistas con los
directivos y encuestas a los padres de los estudiantes. Cuando estudiantes,
directivos y padres coincidían en señalar a un mismo profesor o profesora, me
contactaba con ellos y los invitaba a participar de la investigación. Así,
durante un año académico tuve la posibilidad de trabajar con siete profesores
destacados de cinco escuelas del conurbano bonaerense.
Calidad y profesores destacados
La
calidad de un sistema educativo nunca va a superar a la calidad de sus
docentes. Por ello, desarrollo la noción de calidad desde el docente. Pero, a
diferencia de muchos abordajes que presentan sistematizaciones sobre calidad
docente desde organismos internacionales, propongo una perspectiva diferente.
¿Qué se entendería como calidad docente en escuelas en contextos urbanos
marginales?
En dichos ámbitos, en primer lugar, los profesores destacados
parten de los conocimientos previos empezando “de cero” cada clase. No es una
contradicción con la oración anterior. En este hacer puede existir algo propio
de enseñar en contextos marginales. No solamente sirve para que vincular y
hacer aflorar los conocimientos previos —sus experiencias— de los estudiantes,
sino que deben empezar cada clase “desde cero” porque el ausentismo de los
estudiantes lo exige. De lo contrario, se excluiría y se dificultaría aún más
la continuidad en la escuela de los alumnos intermitentes
En todos estos
años, sin darme cuenta, empezaba a hacer el ejercicio de antes, las clases iban
teniendo como ciertos hilos. Yo las iba enganchando con una cosa para la otra
clase. Y me estoy dando cuenta desde hace un tiempo de que las clases son
absolutamente individuales. Este bloque este día, este bloque este día, porque
sé que no van a ser los mismos los que está hoy que mañana, que van a ser
otros. (Belloni, comunicación personal, 22 de septiembre, 2015).
Es notable cómo los profesores destacados logran adaptar sus
prácticas de enseñanza a las ausencias sistémicas de los estudiantes. Son
capaces de desarrollar un darwinismo pedagógico que los hace flexibles para
“recalcular” permanentemente frente a situaciones de alta complejidad.
Una
segunda característica de los profesores destacados es su habilidad para
realizar preguntas. La pregunta es una de las estrategias más utilizadas por
los profesores destacados. Desde que entran a la clase comienzan a realizar
preguntas para conectar con los conocimientos que traen los estudiantes.
Durante las observaciones, vi cómo a través de las preguntas van desarrollando
la explicación de los temas que dan, y también mantienen la atención de los
estudiantes. Era frecuente escuchar cómo con frases como “ahora cállense los de
adelante que quiero escuchar a los del fondo”, variaban intencionalmente entre
los estudiantes a los que se dirigían. Muchas clases se parecen a un ping pong
de preguntas y respuestas. Sin embargo, no realizan cualquier clase de
pregunta. Los docentes destacados realizan preguntas que invitan a la
reflexión. Si bien ocasionalmente preguntan para captar la atención de
estudiantes que están distraídos, la gran mayoría son para inducir a la
reflexión sobre las respuestas. Si se hace una pregunta del tipo “¿qué
alimentos tienen grasas?” y un estudiante no puede responder, los docentes le
piden a otro compañero que lo ayude. Una vez que éste responde, le preguntan
nuevamente al que no había proporcionado una respuesta. Durante la clase,
cualquier alumno puede ser objeto de preguntas y al volver a preguntar los
profesores se aseguran de que el “no sé” no sea negocio porque luego de la
ayuda de un compañero se les vuelve a preguntar a ellos. Además, tienen la capacidad
de reformular las preguntas para ayudar a que los estudiantes respondan
correctamente. Muchas veces las preguntas son utilizadas para conseguir retroalimentación
de los jóvenes con frases como “¿me lo explicas?”
Además de su capacidad de empezar de cero cada clase y
realizar preguntas, los profesores destacados son expertos para vincularse con
adolescentes. Hasta ahí también podría hacerlo un psicólogo o un buen tutor,
pero la diferencia radica en que ese vínculo emocional que forjan lo utilizan
como una estrategia facilitadora para que los estudiantes aprendan. Muchas
veces, cuando observaba las clases me sentía en una montaña rusa emocional. No
podía creer cómo los profesores pasaban junto con los estudiantes por veinte
sentimientos en cuarenta minutos. Pasaban de las risas al enojo en segundos.
Construyen su autoridad docente desde el vínculo personal. La base de cualquier
relación personal es el respeto. En este tema aparece la especificidad del
trabajo con jóvenes en urbes marginales que muchas veces crecieron atravesados
por experiencias de violencia y carencias. Los profesores destacan el desafío
de trabajar como docentes con esa población:
Tenemos una población que viene con problemas familiares.
Problemas familiares que vienen por cuestiones personales, por cuestiones
penales. Tenemos chicos con problemas de relación con su propia familia, donde
hay abusos de los que se te puedan ocurrir, que pasan necesidades económicas
importantes. Que no pueden pensar porque tienen hambre. Esa es terrible.
(Stark, comunicación personal, 30 de octubre, 2015)
Los profesores saben que en dichos contextos el estudiante no
tiene la presión social para estudiar. De hecho, a veces el ambiente los invita
a dejar la escuela para hacer “changas” con algún pariente, ganarse unos pesos
y ayudar en la casa. Terminar el secundario no es un mandato social para ellos,
como quizás puede suceder en otro entorno social. Por eso, la herramienta que
tienen es seducir a los estudiantes a través del vínculo personal.
Un profesor destacado afirma:
Creo
que requieren, frente a otros sectores, mucho trabajo desde el vínculo. Mucho
trabajo desde lo personal. Me resulta mucho eso de mirar a los ojos. Si bien
tengo problemas de memoria, llamarlos por el nombre, que tanto me cuesta. Ir
sabiendo algo más de ellos. Desde el vínculo se consigue cualquier cosa. A
veces cuesta más una tarea y se consigue desde el vínculo. (Domínguez,
comunicación personal, 16 de octubre, 2015)
Los profesores destacados señalan un camino, el del vínculo respetuoso
que los escucha al aprendizaje. Los profesores respetan a los estudiantes.
Tienen una mirada sobre los chicos que no juzga, sino que, por el contrario,
busca acompañar. El respeto aparece como la llave que utilizan en sus
relaciones con los estudiantes. En palabras de otra profesora:
Cuando
el alumno ve que vos lo respetas, que vos no lo vas a ridiculizar. Sí le tenés
que llamar la atención, pero sin pegarle el grito. Si vos vas con el grito, es
peor, están acostumbrados a que en sus casas les gritan. Y es más de lo mismo.
(…) Entonces a veces el que está gritando necesita ser escuchado.
Si
vos, en vez de pegarles el grito, si por ahí pasás a ver y preguntarles: ¿qué
te pasa? ¿Pasó algo? ¿Te sentís mal? o ¿te dijo algo alguien? las cosas cambian
(Johansen, comunicación personal, 22 de septiembre, 2015) Los profesores hablan
de un “ablande” emocional con ciertos chicos que vienen con una historia
afectiva muy particular.
Además
del respeto también aparece el cariño como una estrategia de acercamiento y
vínculo.
Hay
muchos chicos, sobre todo en primero, que no están acostumbrados ni a que los
acaricien, entonces es todo un trabajo porque al principio vos ves –no con
todos, pero con algunos– que te acercas y que no están acostumbrados.
Piensan
que viene un golpe o se te quedan mirando como pensando “qué raro que te
acaricien”. Y para mí es fundamental el contacto, el trato, el saber los
nombres, interesarte. (López, comunicación personal, 23 de noviembre, 2015). Estos
modos de hacer de los profesores destacados es parte fundamental de su trabajo
y no tiene que ver con su carisma personal.
Son
acciones planificadas sostenidas en el tiempo. Los profesores sostienen que el
vínculo con los estudiantes se construye a lo largo de años. Durante un grupo
focal que realicé con los profesores expertos les pregunté ¿cómo trabajan la
tensión entre exigencia de la materia, el contenido y este vínculo con sus
estudiantes? Quería escuchar su opinión sobre el famoso debate “contención
versus aprendizaje” en la escuela. Inmediatamente, me respondieron que no había
ninguna tensión. Al revés, el buen vínculo es una herramienta que te permite exigir
más. La clave es que los profesores destacados usan esa habilidad como una
estrategia para que los estudiantes aprendan: se constituye como una habilidad
emocional orientada al aprendizaje.
Muchos
pensarán que ser un experto vincular no es parte de las características que
tiene que tener un profesor de secundaria. Se equivocan. Como señalamos
anteriormente, el clima escolar es un factor clave en el aprendizaje en el
aula. En las escuelas que se encuentran en urbes marginales, la dimensión
emocional es el puente que permite unir las generaciones y las diferentes
clases sociales de los docentes con los estudiantes. Y sin ese puente no hay
transmisión de la cultura posible.
Es
aprendizaje a través de la contención y también contención a través del aprendizaje,
y no contención a expensas del aprendizaje. Ahora bien, ese vínculo con los
estudiantes es un desafío emocional titánico. Una profesora cuenta su “método”
para vincularse con estudiantes que piden atención de manera agresiva. Hay
cierto tipo de chicos –no sé si a ustedes les pasa– que yo veo que tienen una
mirada muy dura, como muy pesada.
Cuando
veo esa mirada, cuando creo reconocer esa mirada, con ese chico uso otra
estrategia. Yo sé que con ese chico todos los profesores van a confrontar, lo
van a catalogar, van a ponerle la etiqueta. Ese chico es el primero del que me
acuerdo el nombre, al que llego y le sonrío sin que se dé cuenta, cuando estoy
hablando lo voy mirando y cuando todos están trabajando paso por al lado y en
voz baja le digo algo, si se cortó el pelo, algo de la carpeta, si tiene la
carpeta de River le digo algo del mejor jugador de River. Que sea un comentario
capaz de crear un vínculo, algo de complicidad. Y después en algún momento –no
lo hice en forma premeditada, pero ahora que lo tengo registrado, sí– en el que
a esos chicos les digo “corazón”, que es una palabra tremenda para decir, y me
da mucho resultado (…) Y hay un momento en el que esos chicos te enfrentan
delante de todos y te quieren hacer caer, y en ese momento, nada. Una sonrisa,
una cosa simpática, y después acercarse para decir algodulce, o sea algo
absolutamente inesperado para ellos. Eso es marcar la diferencia. (Grupo focal,
3 de diciembre 2015)
Sin
duda es necesario tener una estabilidad emocional envidiable. Recuerdo a otro
profesor que me contó una experiencia similar con un chico que le escupió la
campera durante una clase de literatura.
Podríamos
discutir si un profesor tiene que “soportar” el maltrato de un adolescente. ¿No
debería haber más cuidado institucional de los directivos para con los
profesores? Otros pueden plantear la pregunta desde el lado de los estudiantes.
La agresión no es sino un desesperado pedido de atención de un joven maltratado
por su contexto. Más allá de la respuesta que cada uno tiene o puede dar a este
dilema, el hecho es que los profesores destacados soportan esas situaciones,
las manejan y son capaces de ver más allá de ellas. Como explica Andrea, “a
veces un chico te contesta mal y pasa cierta situación y no es en contra de
uno. También hay que poder correrse y ver la situación desde otro lado” (Lopez,
comunicación personal, 23 de noviembre, 2015). Identifican lo que hay detrás de
las agresiones, no se las toman de manera personal y no olvidan nunca que el
objetivo es lograr que los chicos aprendan y se sientan incluidos en su
espacio.
Me
encontré una tarde con la profesora que iba a observar cuando llegaba a su
escuela, enclavada en la entrada de una villa. La profesora de Economía estaba
pidiendo ayuda al portero. Me acerqué al auto y vi que había traído una máquina
de coser que no podía levantar sola del baúl. Me explicó que les enseñaba a
coser a sus alumnos como parte de un proyecto de fin de año que iban a realizar
para los chicos del jardín de infantes. Otra de las profesoras se enteró de que
sus alumnos de matemática habían ganado por primera vez un torneo de Handball.
Consiguió las fotos del partido y armó un mensaje para felicitarlos a través de
facebook para compartir ese logro con la comunidad educativa. Durante el año en
las escuelas, vi profesores que iban los sábados a pintar o poner puertas en
los baños y directivos que repartían colchones luego de inundaciones.
Los
profesores destacados demuestran un compromiso personal diferente con los
estudiantes. Ese “extra” incluye un involucramiento o exposición personal que
va más allá de las horas o actividades de su rol. Los profesores trabajan los
sábados, acompañan a los alumnos en viajes a Chapadmalal, participan del modelo
de Naciones Unidas, organizan ferias del libro, y un sinfín de actividades
afuera del aula. Son parte de la comunidad de la escuela. No van a dar la clase
y se van.
Ahora
bien, ese compromiso que demuestran los profesores destacados no es de
superhombres que van a rescatar a los necesitados. Durante varias observaciones
fui testigo de cómo los profesores destacados comparten aspectos muy personales
de sus vidas con sus alumnos: la enfermedad de una madre o lo difícil que había
sido para una familia la mudanza de Jose León Suarez a Pilar.
Una
profesora durante la entrevista explicaba: “me pongo en ridícula yo misma,
trato de exponerme yo, trato de mostrarme lo más fisurada posible para que se
animen” (Belloni, comunicación personal, 22 de septiembre, 2015). Otra
profesora compartía sus orígenes con los estudiantes.
Yo
vivía cuando era chica acá a unas cuadras, entonces a veces les cuento a los
chicos que en realidad mi contexto familiar es muy parecido al contexto que
tienen ellos (…) Ellos a veces me dicen “Ahh venís en auto” y yo les cuento que
no era nada distinto. Al contrario, era mucho peor mi contexto que los que viven
ellos. (López, comunicación personal, 23 de noviembre, 2015)
Sus
experiencias personales son parte del vínculo que generan con los estudiantes.
No como una terapia de grupo sino orientado al aprendizaje y a ser un ejemplo
de posibilidad de un futuro positivo también para ellos. Trabajan todos los
días para convencer a sus estudiantes de que pueden lograr lo que se proponen y
que su futuro puede ser mejor que su presente Una de las chicas armó un grupo
de whatsapp para compartir cosas de química. En uno de los trabajos los chicos
tenían que presentar la química de un alimento, mostrar y explicar químicamente
qué es lo que pasa. Todos iban haciendo aportes, hasta que una de las chicas me
manda un mensaje personal diciendo “yo no lo voy a poder hacer porque no tengo
plata y mi mama no tiene plata y nadie tiene plata”. A mí me agarró como un
enojo. Digo ¿qué estuvimos estudiando? ¿Tenés azúcar? Sí, tengo azúcar. ¿Y no
sabes hacer caramelo? Sí, puedo hacer caramelo. ¿Y tenés jugo de limón?
Entonces hace caramelo en medio ácido y caramelo. Y después la agarré y le
dije: “nunca más me digas que no podes. Porque a veces con 2 o 3 cosas podés
explicar un montón”. Finalmente presentó el trabajo. Le salió un mazacote, pero
no importa, hizo el trabajo.
Me
enojé pero conmigo, porque sentía que no lograba convencerla de que ella podía
hacerlo con lo que tenía y que no necesitaba mucho más. Es también romper una
cultura del no puedo (Grupo focal, 3 de diciembre, 2015).
Ellos
ponen toda la confianza en sus alumnos, pero esperan lo mismo de ellos. Piden
que se hagan cargo. Silvia les dice: “Acá el «no me importa» es tu pasaje a la
puerta. No podés decir «no me importa», te tiene que importar. Si no te
importa, te equivocaste de profesora, te equivocaste de colegio. Te tiene que
importar.” (Stark, comunicación personal, 30 de octubre, 2015).
Durante
el grupo focal propuse a los profesores que pensaran en un objeto y un color
que definieran el trabajo que ellos hacen en sus escuelas. Uno de los
profesores eligió un lápiz y explicó que quería darle a cada chico la
posibilidad de “poder construir su propia historia, pensarla, que viera el aula
como un espacio para pensar la novela de su vida, su propia historia.” (Grupo
focal, 3 de diciembre, 2015). Otra profesora explicaba este abrir horizontes de
posibilidad desde su experiencia con sus estudiantes.
Cuando
a veces los chicos me dicen que no pueden porque trabajan, les digo que yo
trabajé desde los catorce años (…) Me dicen: “usted porque viene en auto”. “Sí,
hoy tengo el auto, pero cuando yo tenía la edad tuya apenas tenía para comer” –
les digo yo. “No tenía zapatillas y no me podían pagar a veces la escuela.
Pasé
situaciones complicadísimas y sin embargo pude salir adelante”. Cuando ellos se
dan cuenta dicen “Ah, esta vivió parecido a lo que me pasó a mí, a esta le pasó
lo que me pasa a mí”. Por suerte gracias a Dios tuve una familia recontra bien constituida
pero también tuve a mi hermano que salía a vender jaboncito para ayudar en mi
casa. Yo hacía muñequitos para ayudar con alguna cosa en casa y sin embargo no
deje de estudiar. Entonces ¡se puede hacer algo! (Johansen, comunicación
personal, 22 de septiembre, 2015) Frente a decenas de mensajes que los chicos
reciben de parte de la sociedad –que no pueden, que son vagos o pibes chorros–
los profesores destacados son transmisores de un mensaje distinto. Para esos
profesores ellos sí pueden, ellos sí son capaces, ellos pueden escribir su
historia y merecen un futuro mejor a su presente, como enfatizaba Silvia con
vehemencia: “y a mi qué me importa de dónde sos, yo no te pregunté de dónde
sos, yo te pregunté qué queres ser. Yo quiero ser tal cosa. Bueno, caminamos
para este lado. La escuela está abierta, podés venir a buscar.” (Stark,
comunicación personal, 30 de octubre, 2015)
No
se escucha un reclamo a los chicos por ser como son, sino que ponen la
responsabilidad por el aprendizaje de su lado, del lado del docente. En
palabras de un profesor durante una entrevista, “los pibes brillan, nosotros
tenemos que aprender a ver la luz de ellos.” (Rodríguez, comunicación personal,
6 de noviembre, 2015). En el contexto de frustración e impotencia que envuelve
a estos jóvenes, la mirada de los profesores hacia los estudiantes es una
mirada de posibilidad.
A
modo de resumen, se pueden pasar en limpio una serie de características comunes
que identifiqué en los profesores destacados. Para comenzar, son reflexivos,
hasta insatisfechos. Piensan que su oficio lo pueden hacer aún mejor de lo que
lo están haciendo. Eligen estar en donde están, no están obligados por una
cuestión económica. Le dedican particular energía a preparar el ambiente de
aprendizaje, tanto como si fuera un escenario antes de la función. Reconocen la
actividad de aprender en sí como una respuesta a las situaciones problemáticas
que viven por fuera de la escuela.


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